Independencia de México (de 1810 a 1821) con imágenes

La Independencia de México fue un proceso complejo, lleno de vicisitudes variadas y actores políticos cruzados que culminó con la soberanía de lo que era reconocido como el Virreinato de Nueva España. A continuación te presentamos información e imágenes de la Independencia de México (1810 a 1821). 

 

Independencia de México (de 1810 a 1821) con imágenes

Muchas veces, en el imaginario popular, suele figurarse un proceso independentista como una rebelión popular, una lucha sin cuartel que termina en buen puerto para los condenados de la tierra. Sin embargo, en realidad, casi nunca es así y en la mayoría de los casos estos procesos latinoamericanos son solo una modificación política para seguir manteniendo, más o menos igual, las mismas estructuras económicas y sociales. Ese largo acontecimiento que denominamos Independencia de México, que implicó 11 años, naturalmente cuenta con la injerencia de componentes subalternos con diversos grados de participación, pero en definitiva el conservadurismo es el que tomó la hegemonía e imprimió el tono general a toda la andadura revolucionaria. Agustín Iturbide, figura culminante, fue un deseoso independentista por temor a que el liberalismo español se trasladara a las colonias y se perdieran las jerarquías pretéritas.

Antecedentes

Un rasgo curioso, incluso bastante sintomático en las colonias que se preparan para independizarse de la metrópoli es el desarrollo económico de cierta burguesía o clase acomodada. Durante el siglo XVIII en el virreinato de Nueva España se produjo el mismo, basado principalmente en la explotación de minas de oro y plata. Semejantes actividades sirvieron de fundamento para otras ligadas al comercio y la agricultura. Regiones como la de Pachuca o la de San Luis de potosí se convirtieron en muy ricas.

¿Cuál es el resultado de todo esto? Que en una estructura virreinal, porosa pero a su vez asfixiante, los sectores criollos no solo quieran avanzar más en el aspecto económico, sino también en lo político. En aquellos entonces los nuevos españoles nacidos en terruños americanos tenían poder a nivel municipal, pero no así en los altos cargos virreinales, ocupados por peninsulares. En esos primeros años del siglo XVIII se desarrollaron una infinidad de logias, clubes privados que hablaban de lo nocivo del sistema vigente y la necesidad de cambiarlo (muchos de ellos utilizan hasta panfletos y pasquines para distribuir su ideología). Un rasgo a resaltar: se habla de modificación del sistema político, pero no de una revolución independentista.

La caída de la corona española ante Napoleón

Virrey José de Iturrigaray

Si bien el proceso independentista en México se dilató bastante en el tiempo, hay que anunciar que muchos países se vieron trastornados inmediatamente por la abdicación de Fernando VII, lo cual sirvió de catalizador para un germen de independencia que no era supuestamente contra España, sino contra los perniciosos franceses. México, con sus tiempos, no fue la excepción alrededor de los sucesos de 1808 ¿Ante la carencia de rey cómo podía seguir adelante el virreinato? ¿En dónde estribaba la soberanía? Y aquí eclosiona una bifurcación: para el virrey José de Iturrigaray y la Real Audiencia de México nada había cambiado, ostentando el poder de todas maneras el soberano prisionero; pero para el Ayuntamiento no era así, ya que se embebía en la Ley de las Siete Partidas de Alfonso X, un documento jurídico sumamente antiguo que aclamaba que ante el impedimiento de un gobierno de ejercer su función había una retroversión del poder hacia el pueblo y que este debía gobernar mediante Juntas.

De ahí que el Ayuntamiento, el polo criollo de Nueva España, propusiera la creación de una Junta en nombre de Fernando VII. El virrey estuvo de acuerdo, quizás pensando en cuidar su pellejo y la convocó para el 9 de agosto de 1808, a la que asistieron los estratos más importantes de la sociedad novohispánica. La Audiencia de México se mostró reacia porque en definitiva existía la Junta Suprema de Sevlla, pero también aceptaron. Si se quiere, aquí hallamos el primer conato independentista, más que nada ligado a un intento de sostener la gobernabilidad.

Sin embargo, esa brecha entre criollos y peninsulares se fue ampliando. En los meses sucesivos hubo inestabilidad, cambio de virreyes (Iturrigaray por Pedro de Garibay y luego Francisco Javier de Lizana Y Beaumont) y un no reconocimiento de la Junta de Nueva España por parte de la Junta de Sevilla. Esto fue entendido por muchos como un retroceso, lo cual conllevo a pequeños levantamientos apagados movilizados por el intento de erigir una nueva Junta local.

Conspiración de Querétaro y la participación del cura Hidalgo

La situación de España empeoró y las Cortes de Cádiz no iba dar solución a nada atinente a los reinos americanos. En un clima tumultuoso y de reuniones clandestinas, el 16 de septiembre de 1810 se lanzó la denominada Conspiración de Querétaro. Ignacio Allende, Juan Aldama y Miguel Domínguez eran sus organizadores. Muy astutos fueron, porque comprendieron que cualquier movilización fuerte necesitaba del pueblo, pero el pueblo solo iría si la Iglesia estaba de por medio. De ahí que surja como propulsor de la revolución el cura Miguel Hidalgo y Costilla, quien contaba con un enorme predicamento entre los indígenas.

Tales hecho derivaron en el famoso Grito de Dolores, acaecido en la ciudad del mismo nombre. En una misa del 16 de septiembre de 1810, fecha que hoy se considera la de independencia mexicana, el cura arengó a todos sus feligreses a armarse como pudieran, ya que el objetivo era diáfano: pelear contra la corona que había sido tomada por los franceses. Por ende, el levantamiento fue contra los peninsulares impuestos por Napoleón y en nombre de Fernando VII y la virgen de Guadalupe. No se habla de independencia, sino de lid contra los liberales franceses.

Con unas huestes de 50.000 personas , Hidalgo asoló y tomó la cuidad de Guanajuato (la idea era marchar hacia la Ciudad de México). Hubo una auténtica matanza de españoles durante meses, además de aboliciones de tributos indígenas y confiscación de bienes. De hecho, la violencia utilizada fue tan dura que hasta movió a la reprimenda a muchos de los insurgentes. Finalmente, un 17 de enero de 1811 las aventuras del cura terminaron en el Puente de Calderón, siendo derrotado por realistas, apresado y ejecutado como reo de alta traición.

Morelos y el decreto constitucional

José María Morelos

Como una suerte de antorcha que pasa de mano en mano, otro sacerdote se sumó al levantamiento y éste era José María Morelos. Su lid se situó en la zona sur de Nueva España y tenía como objetivo la toma del puerto de Acapulco. Suele decirse, y en rigor de verdad es así, que Morelos mostró ser más sesudo en su accionar que Hidalgo, contando con una soldadesca bien organizada, abastecida y con armamento de mejor calidad. En noviembre de 1812 ocuparon Oaxaca de manera exitosa, en donde el general insurgente Ignacio Lópex Rayón redactó los elementos constitucionales (primer proyecto de constitución para la futura nación mexicana). Luego, en el congreso de Anahuac, Morelos decretó la independencia, la abolición del tributo indio y la esclavitud. Tras una serie de batallas, de todas maneras, esta gran figura comenzó a eclipsarse, cayendo prisionero en la batalla de Temalaca, enjuiciado en la Ciudad de México y llevado a San Cristobal de Ecatepec en donde fue ejecutado. Eso acaeció en 1815.

Como se vislumbra, tanto en el caso de Hidalgo como de Morelos se cuenta con componentes subalternos, que implicaban grandes reformas a nivel social e incluso económico. Rasgos que, naturalmente, no tomaron preponderancia en los sucesos posteriores.

La vuelta de Fernando VII

Con la vuelta de Fernando VII se derogó la Constitución de 1812; el resultado era claro: regreso del absolutismo y la imposibilidad de generar cambios políticos. Sin embargo, a los insurgentes poco le importó semejante coyuntura política y siguieron bregando, aunque de una manera dispersa y no con la misma incidencia que le había dado en el pasado un Morelos. Asimismo, la insurrección se vio aminorada porque el virrey Juan de Apodaca esgrimió una correcta política de indultos con algunos sujetos otrora levantiscos.

Tras el intento fallido de un ex fraile como Servando Teresa de Mier y el militar Francisco Mina proveniente desde el exterior, la subversión para 1819 estaba prácticamente vencida. Solo quedaba un nombre que no se quería acomodar a los dictámenes de Apodaca: Vicente Guerrero.

Coyunturas internacionales cambiantes

La dualidad de colonia/metrópoli es bastante clara: cualquier suceso lo bastante importante en uno de los dos polos incide en el otro. Al igual que la llegada de José Bonaparte, tras las abdicaciones de Bayona, fue un motivador de veleidades por lo menos reformistas en lo político (lo que serían luego vistas como gérmenes independentistas)en la colonia, también tuvo sus repercusiones el hecho de que en 1820 haya una revolución liberal en España, reestableciendo la constitución de Cádiz.  El virrey Apodaca recibió la orden para realizar la jura a la Constitución junto a los otros altos cargos virreinales. El liberalismo o ciertas ideas liberales no eran muy bien vistas por el alto clero y la aristocracia de Nueva España, ya que en parte radicaban en perder privilegios. De semejante contexto nació lo que se conoce como la Conspiración de la Profesa, un conjunto de de reuniones secretas de componentes absolutistas, en el templo de la Profesa (era un oratorio), de ahí su nombre.

¿El objetivo de las tertulias clandestinas? Atraer a figuras sumamente fuertes, proclives a los pensamientos monárquicos, para declarar de manera unilateral la independencia de Nueva España, ya que no se quería caer en manos liberales, por más que fueran españolas. La figura que eclosionó fue la de Agustín de Iturbide, quien en los inicios de la independencia de México había militado para las fuerzas realistas contra los insurgentes. Pero en estos años las necesidades eran otras.

El camino de Iturbide

Agustín de Iturbide

El primer paso lógico de Iturbide era pactar con Vicente Guerrero, la figura prominente que quedaba del lado insurgente. El Abrazo de Acatepam no fue un evento espontáneo, ya que Guerrero tuvo sus dudas inicialmente y tras algunas luchas terminó sellando la paz. Ambas figuras, sin embargo, terminaron firmando el Plan de Iguala, que proclamaba la independencia de Nueva España respecto, entiéndase bien, de la España liberal. Es decir, semejante documento (y su extensión en los Tratados de Córdoba)  no negaba la posibilidad de que el mismo Fernando VII fuese rey de México o algún infante español lo hiciera. Otros estandartes del Plan de Iguala fueron la defensa de la iglesia y la religión católica, la igualdad de todos los ciudadanos y la propensión hacia la búsqueda de paz y unidad.

Sin embargo, los acontecimientos no se precipitaron de manera tan sencilla o armoniosa. Apodaca terminó jurando fidelidad, junto al ayuntamiento, a la Constitución, por lo que Iturbide y su Plan de Iguala fueron puestos en la ilegalidad. Numerosas batallas se dieron entre las huestes realistas y el ejército Trigarante de Iturbide y Guerrero, resultando victoriosos los últimos. Se puso fin a las escaramuzas y al fuego de guerra el 19 de agosto de 1821 con la última batalla en Azcapotzalco.

Tratado de Córdoba y entrada triunfal

Se había anunciado que el Tratado de Córdoba fue una extensión del Plan de Iguala. El general Juan O´Donojú, flamante capitán general (con la constitución liberal ya no existía el cargo de virrey), como primeras medidas, pidió el cese de hostilidades y solicitó una entrevista con Agustín de Iturbide. Se reunieron justamente en la villa de Córdoba  y el 24 de agosto firmaron el tratado, en el que se reconocía la soberanía e independencia del Imperio de México.

Finalmente, un 27 de septiembre de 1821, el ejército trigarante entró a la Ciudad de México y se consumó la independencia. Al día subsiguiente, una Junta Provisional Gubernativa inició su sesión con 38 miembros que habían jurado por el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba. En esa misma noche se firmó el acta de independencia del Imperio de México. De todos modos, recién en 1836 España reconoció la soberanía de la nueva nación surgida de las cenizas del virreinato de Nueva España.

Así culmina un largo periplo de 11 años, en donde diversos componentes de la sociedad influyeron para la independencia, que lejos de ser una revolución que modificara estructuras sociales y económicas, significó más que nada un moderado trastorno político. Naturalmente, las implicancias a futuro fueron enormes, porque una nueva nación vio la luz: México.

Galería de imágenes de la Independencia de México

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