Dioses Persas de la mitología mesopotámica

El ser humano, en su amplia y dilatada historia, ha desarrollado principalmente un politeísmo, es decir, ha creído en una gran cantidad y variedad de dioses ¿Qué hacían estos? Básicamente poseían rasgos que daban cuenta de fenómenos naturales y también procesos biológicos.

Por supuesto, el pueblo persa no es la excepción en este sentido, por eso presentamos a continuación una selección de los principales dioses persas: imágenes e información. 

Dioses mitológicos Persas

Cuando nos imaginamos al territorio persa en la actualidad nos cuesta diferenciar este lugar del islam, tan poderoso hoy. Sin embargo, el monoteísmo llegó tarde a estas tierras y anteriormente habían desarrollado todo un politeísmo, que se podían observar desde épocas remotas (párrafo aparte la complejidad del zoroastrismo).

A continuación presentamos los principales dioses persas, con imágenes y características sobresalientes.

Ahura- Mazda u Ormuz

Ahura Mazda u Ormuz posteriormente era el gran dios de los persas, un sabio cuyo conocimiento no posee límites: había creado la luna, el sol y las estrellas. Dio el ser a la Buena Mente que opera dentro del hombre y de toda la creación. Es decir, Ahura Mazda es infinita bondad y todas las emanaciones de él tienen ese rasgo. Sin embargo, tanto de su propio pensar como de una procreación divina de sus padres (hay dos relato) surgió su hermano, el maligno, Ahrimán o Angra Mainyu.

Se dice que creó otras divinidades vinculadas a la benevolencia, la verdad, la justicia, las riquezas, el placer que acompaña las buenas acciones, entre otros. Es importante recalcar que Ahura Mazda no era una divinidad popular, ya que esta se sumergía más en los elementos como el fuego o el agua, sino una deidad muy relacionada con la realeza.

El emperador Darío II tenía particular devoción por la mencionada deidad y la llamaba «el más grande de todos los dioses».

Ahrimán

Tanto en la antigua religión persa como en el Zoroastrismo Ahrimán era la deidad de la oscuridad, el destructor eterno de los dioses, personificación de la maldad, creador de la muerte y la enfermedad. Desde el zoroastrismo puede aparecer como Angra Mainyu, cuyo nombre quiere decir «espíritu diabólico».

Ahrimán, como personificación del mal, es parte de un relato desde el lado negativo: lidera las huestes del mal contra Spenta Mainyu , el completamente espiritual, que ayuda a Ahura Mazda, el señor sabio y vencedor final del conflicto cósmico.

Todo lo negativo está relacionado con Ahrimán: él causa los grandes calores del verano, los fríos gélidos del invierno, la llegada de las enfermedades y hasta creó un dragón que trajo la ruina en la tierra en un otro tiempo mítico, el famoso Azi Dahaka.

Anahita

Anahita era la diosa del agua, de la guerra, de la fecundidad,  personificación similar a Venus y cuyo nombre significa «sin mancha», algo que nos indica una ponderación positiva de la virginidad. Esta mixtura de Venus, pero también de Diana por su virginidad era adorada tanto por persas, como también por lidios y armenios.

Nada importante se emprendía si no era con sus auspicios, se celebraban en su templo las asambleas más importantes y le estaban consagradas las jóvenes más hermosas (abandonaban su honor a los que iban a ofrecerles sacrificios).

En la fiesta se reunían hombres y mujeres, que bebían hasta embriagarse (de ahí que la diosa sea una compleja mixtura entre doncella y apasionada a lo libidinoso). Anahita viajaba en un carro tirado por caballos llamados viento, nubes, lluvias y granizo.

Daena

Daena es un concepto zoroástrico vinculado a la intuición y a la revelación, pero también es considerada una divinidad o yazata. Su nombre es un sustantivo femenino que se puede traducir como «el camino de la luz», lo cual suele ser un atributo positivo de un dios.

Daena es una divinidad que está vinculada al más allá y a sus recompensas, mencionada en los Gathas que son himnos supuestamente escritos por Zoroastro. Si hacemos concreta a esta divinidad es la que encamina a las almas luego de la muerte al cielo o al infierno, con un perro que olfatea para saber si el alma de la persona es buena o está corrompida. 

Sin embargo, Daena en un nivel más abstracto es deber, fe, ley e incluso religión. Incluso podemos usar, para entender este concepto, la idea tan importante del hinduismo como el budismo de Dharma.

Haoma

Haoma es el nombre de una divinidad vinculada a la salud y también a las buenas cosechas. Era la quintaesencia de la planta Haoma, que tenía un gran papel en las religiones persas. Ciertos himnos nos cuentan que Haoma compareció frente a Zoroastro en la forma de un hermoso hombre, pidiéndole que justamente reuniese la planta indicada para purificar las aguas.

Haoma es justo, promueve la justicia, es sabio y también da la revelación. Asimismo, fue el primer sacerdote instalado por Ahura Mazda con el sagrado cinto o cordón y sirve a los Amesha Spentas en esta capacidad. Los últimos pueden ser comprendidos como conceptos primordiales en la ordenación del cosmos, como también personificaciones, una suerte de arcángeles.

Mitra

Mitra es un dios solar persa, cuya adoración más tarde se difundió tanto en la India como en el imperio romano. Mitra en el Avesta significaba contrato o alianza. Era el dios responsable de dar protección cuando había un ataque: protegía a los fieles y castigaba a los infieles.

Era representado como un joven en un carro, tirado por caballos blancos. Mitra era el poseedor de la verdad y acto de matar a un toro tenía un enorme sentido cosmogónico, comparable a la matanza del dragón Vritra llevada a cabo por el dios Indra, una epopeya mencionada por primera vez en el Rig-Veda.

Hay que decir que Mitra es una figura divina muy antigua, una divinidad indoirania que se remonta al II milenio a.C y su nombre es mencionado por primera vez en un tratado entre los hititas y los mitani.

Alrededor del año 62 a.C adoptaron este dios a su manera, agregaron características distintas y crearon toda una religión como el mitraísmo, con cultos mistéricos y gozando de una gran expansión. Hay que decir que el pueblo romano era adepto en la época del imperio sobre todo a anexar otras divinidades, siempre y cuando no confluyera en contra del estado.

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