Dioses Babilonios de la mitología mesopotámica

Y quizás el primer gran ejemplo de civilización asentada, con cierto nivel de complejidad y monumentalidad nos lo de la región mesopotámica. Babilonia es un producto posterior de ese proceso y, naturalmente, su pueblo creyó en una multitud de divinidades. A continuación, como en ningún otro sitio, presentamos una lista de dioses babilonios de la mitología: caracterizaciones e imágenes. 

Dioses mitológicos Babilonios

¿Se creía en un solo dios que se reduplicaba en muchos o efectivamente eran muchos? Bastantes estudiosos llegan a la conclusión que variadas civilizaciones humanas, a lo largo de la historia, han creído en la existencia de muchas divinidades. Los pueblos mesopotámicos poseían una enorme cantidad de dioses, temibles, habitantes de una suerte de ciudad celestial y que podían tener una injerencia en los aconteceres humanos.

A continuación, en sintonía, presentamos los principales dioses para el pueblo babilonio.

Marduk

Marduk era un dios babilonio, primogénito de Ea, una suerte de soberano de la humanidad. El Código de Hammurabi lo menciona y posteriormente sería asociado con el mismo Júpiter. Era representado como una suerte de patriarca, portador de un arma denominada Imhullu.

Es importante decir que los reinos en gran medida eran ciudades y el declive o el éxito de estas determinaban el éxito o declive de las deidades. Marduk era una divinidad patrona de Babilonia, con cierta raigambre cuando la ciudad se convirtió en el éxito político de la zona, aproximadamente en el siglo XVIII a.C.

Se piensa que su nombre se pronunciaría como Marutuk y que su nombre derivaría de amar-Utu (becerro del dios Utu). Lo dicho puede indicar genealogías anteriores o las conexiones con la antigua ciudad de Sippar, cuyo dios del sol era Utu.

Ea o Enki

Enki era originariamente un dios de la mitología sumeria, posteriormente conocido como Ea tanto en las mitologías acadias como babilónicas. Era el Señor de la Tierra, padre de Marduk, hermanastro de Enlil e hijo de Anu. Su misión era la de crear hombres e impulsar que otras divinidades también lo hicieran.

Era una divinidad asociada al mundo acuático y reina en el Apsu, un lugar situado en las profundidades de la tierra, donde fluyen las aguas primordiales. El rasgo llamativo de esta divinidad, propia del mundo mesopotámico general, es que dotaba a los seres humanos de las artes, oficios y medios técnicos para desarrollar la agricultura.

Shamash

En la mitología mesopotámica era el titular de la justicia, muy adorado en Sippar y en Larsa, por lo que podemos hablar de una auténtica divinidad mesopotámica.  Tanto acadios como babilonios consideraban a Shamash hijo de Anu y en otras ocasiones de Enlil.

Podía ser representado con su esposa y en el período acadio era parte de una triada junto a Sin e Ishtar. Podía figurárselo con un disco solar de ocho puntas o como una figura masculina de cuyos hombros salían llamas. Era la divinidad de la justicia, por lo que posteriormente también se lo asoció a la balanza.

Construido por Hammurabi, el santuario principal de dicha divinidad sin embargo estaba en Sippar y recibía el nombre de E-babbar.

Ishtar

Ishtar era la diosa babilónica del amor y de la vida, de la belleza y la fertilidad. Era una figura asociada a la sexualidad, una suerte de Afrodita mesopotámica y, con un gran apetito sexual, poseía varios amantes.

Muchos estudios han recalcado que a semejante divinidad no se la puede colocar dentro del grupo de diosas madre, ya que más que como refugio, era un acicate o inspiración para la acción vital. Era vinculada también al planeta Venus, estrella de la mañana y del anochecer. Su símbolo era una estrella de ocho puntas y el animal anexado a ella era el león.

Muchos fueron sus nombres de acuerdo a la ciudad, pero en su aspecto amoroso, sobre todo en Babilonia, era una divinidad de las prostitutas y de los amoríos extramaritales. Dicho pueblo consideraba el matrimonio como un contrato solemne que perpetuaba a la familia como sostén del Estado y era un generador de riquezas, pero el mismo no comportaba amor ni mucho menos fidelidad amorosa. De algún modo Ishtar reflejaba esa realidad.

Tammuz

Tammuz era una divinidad babilónica, consorte de Ishtar para el mundo babilónico y acadio. Era un dios pastor y de la fertilidad. Otras civilizaciones lo conocen con otros nombres: Talmuz para los semitas, Adonis para los fenicios y sirios y el pastor Dumuzi para los sumerios.

En Babilonia se estableció el mes Tammuz en honor al dios epónimo, quien había surgido como un dios pastor sumerio. Tammuz era una divinidad de la fertilidad, por ende, desde la lógica de los ciclos de la naturaleza, un dios que marcaba los ritmos de la vida y de la muerte.

La ausencia podía ser vista como un retiro de la divinidad al inframundo, lo cual explicaba un hecho real: con el solsticio de verano llegaba una época de luto, debido al calor y la sequía veraniega. Su vuelta coincidía con la época otoñal, de mejora para la fertilidad de la tierra.

Anu o An

Si bien no era de los principales en Babilonia, Anu o An era una divinidad mesopotámica, remitida hasta la época de Sumeria. Era la divinidad del cielo, señor de las constelaciones, rey de los dioses que vivía con su esposa la diosa Ki y que habitaba en las regiones más elevadas.

Tenía un sirviente como Ilabrat, una suerte de visir y se creía que tenía el poder de juzgar a quienes habían cometido delitos. Asimismo, se creía que dicho dios había creado las estrellas como soldados para luchar contra los malvados.

An era asociado con el templo de E-anna de la ciudad de Uruk, al sur de Babilonia y formaba una triada de divinidades primordiales con Enlil, dios del aire y la atmósfera; y Enki, de la tierra o cimientos. Era el padre y primer rey de los dioses.

Enlil

En la mitología mesopotámica Enlil era el señor de los cielos y de la tierra. Lo mencionamos porque muchos pueblos lo adoraron, entre ellos el babilonio (se lo cita, por ejemplo, en el código de Hammurabi). Su etimología puede dar cuenta del «Señor de los vientos» desde el punto de vista sumerio o «Dios señor», si se hace una lectura semítica.

Enlil tenía un carácter irascible y temible, lo cual tiene una explicación realista: el viento y las tormentas no eran bien vistas en el mundo de las cosechas mesopotámicas, sino más bien como una posibilidad de malogro y penuria. Y en el mito del diluvio mesopotámico es Enlil quien abre las compuertas de cielo para acabar con los humanos.

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