Dioses Sumerios de la mitología mesopotámica

Sumeria es esa civilización lejana, tal vez la cuna de todas las civilizaciones, consecuencia de que el hombre (antes en el tiempo aún) había decidido asentarse y desarrollar, entre un sinnúmero de otras cosas, la agricultura, la escritura y una muy desarrollada religión. A continuación, en sintonía, presentamos los principales dioses sumerios: información e imágenes. 

Dioses mitológicos Sumerios

Sumeria es entendida muchas veces como la madre de las civilizaciones, por más que el ser humano hace unos buenos años antes había asumido el papel del sedentarismo. Este pueblo cuyo origen se desconoce, habría ocupado las planicies aluviales de los ríos Éufrates y Tigris en el 3.500 a.C, en el período que se conoce como Uruk (posiblemente no fue el primer pueblo o grupo que se asentó aquí). 

En cuanto a la religión sumeria, hay que decir que fue un pueblo que creía en muchos dioses, es decir, eran politeístas. Los dioses eran antropomórficos, representantes de fuerzas cósmicas y terrestres, además que eran réplicas en un más allá de figuras gobernantes.

Hay que decir que las divinidades eran muchas (se estiman que 3.600), por lo que aquí solo presentamos a las principales.

An

Dentro de la mitología sumeria, An era el dios del cielo, señor de las constelaciones, rey de los dioses y quien vivía con su esposa, Ki, en las regiones más altas del cielo. Se creía que tenía el poder de juzgar a los que habían cometido delitos y que había creado a las estrellas como soldados para destruir a los malvados.

Posiblemente este elevado dios haya tenido su culto en la ciudad de Uruk, en el sur de Babilonia. Era parte de un panteón sumerio junto a Enlil y Enki.

Enlil

En la mitología sumeria Enlil era el señor de los cielos y de la tierra, adorado también por otros pueblos mesopotámicos como el acadio, el babilonio, el cananeo y el asirio. Si nos basamos en la razón de su nombre se pueden hacer dos lecturas: un sentido semítico lo traduce como Dios Señor; pero desde un punto de vista estrictamente sumerio sería el «Señor de la tormenta o viento».

Era hijo de An y de su esposa Ki, divinidad patrona de Nippur, donde se guardaban las tabillas del destino, donde estaba decretado el destino de todo lo existente. Era parte de la triada más importante del panteón sumerio.

Enki

Enki era hermano o hermanastro de Enlil y también hijo de An. Se lo conoce como «el Señor de la tierra» y tenía una enorme misión: creaba a los dioses e impulsaba a otras divinidades que lo hicieran. Era una suerte de Prometeo sumerio, ya que dotó a la humanidad con las artes, medios técnicos y oficios para la agricultura.

Si Enlil acciona en múltiples oportunidades para destruir a los seres humanos, Enki será uno de los que reprenderá a los primeros, ya que aducía que se necesitaban los seres humanos para los sacrificios. Esta deidad tenía su principal culto en la ciudad de Eridu y era el detentor de los «Me», decretos de los dioses inmutables que fundamentaban toda la vida sumeria: instituciones, religiones, tecnologías, comportamientos, etc.

Ki

Ki era la diosa de la tierra, una de las divinidades más importantes de sumeria y del mundo mesopotámico en general. Hay múltiples dudas respecto a la genealogía de esta divinidad: puede ser hermana de An, pero también se la puede comprender como hija. Algunos dicen, incluso, que la escasa evidencia de su culto hace hasta posible la hipótesis de que no fuera una divinidad.

Inanna

En la mitología sumeria Inanna era la diosa del amor, la belleza, el sexo, la justicia, la guerra y el poder político. Además, era la protectora de la ciudad de Uruk. Se la conocía como Reina del Cielo y era la divinidad patrona del templo de Eanna, en la ciudad de Uruk. Por supuesto, con el nombre de Ishtar tuvo sus influencias en otros pueblos como el acadio, asirio y babilonio.

Se la asociaba con el planeta Venus, sus símbolos destacados era el león y una estrella de ocho puntas, además de un haz de juncos verticales con la parte superior curvada. Quizás su culto, importante, fue algo tardío: de existencia por lo menos desde el período de Uruk (4.000 a 3.100 a.C), habría tenido una gran relevancia a partir de la conquista de Sargón de Acad. En la época postsargánica recibió un gran culto en toda Mesopotamia, siendo de las divinidades más importantes del panteón.

Utu

Utu era una divinidad solar sumeria, que luego se lo conocería como el famoso Shamash. Posiblemente ocupara un gran puesto como divinidad, porque no solo era una representación del sol, sino también de la justicia. Y en un pueblo donde la escritura adquiría gran relevancia, Utu sería primordial para la fundamentación de los decretos más variados.

Si bien recibió culto en Sippar, hay que decir que durante el período Sumerio su santuario principal estaba ubicado en la ciudad de Larsa.

Nanna

Si bien hay una diosa nórdica con el mismo nombre, Nanna o Nannar aquí remite a una deidad mesopotámica, el dios de la luna, para ser exactos. Era hijo de Enlil, dios del viento y del cielo, y de Ninlil, diosa del aire. Comúnmente se lo designaba como «En – zu» o Señor de la sabiduría.

Algunos estudiosos dicen que era un antiquísimo dios de los pastores y que en el período que Ur ejerció la supremacía sobre el valle del Éufrates, entre el 2.600 y 2.400 a.C, tuvo una cierta hegemonía. Esto último es un dato importante: los dioses adquirían mayor o menor papel en el culto, su puesto en el panteón, en definitiva, estaba vinculado al éxito de las ciudades que los veneraban.

Asimismo, Nanna era una expresión de la existente ciencia de la astronomía y de la astrología que practicaba el pueblo sumerio, en donde el análisis de la fases de la luna tendría un gran papel: un cuerpo celestial cercano que llamaba la atención.

Nammu

Es una diosa sumeria que se identifica con «el abismo de las aguas» en el océano primigenio, algo similar a Tiamat para el pueblo babilónico. Nammu fue la primera divinidad y origen de todo, era la diosa del nacimiento y su culto estuvo centrado en la ciudad de Ur. 

En muchos textos se presenta como consorte de An y madre de Enki, con la capacidad de producir agua. También se la asocia al acto de modelar arcilla, trayendo vida a la misma y creando a la raza humana.

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