Fábulas cortas para niños con moraleja

Las fábulas son hermosos fragmentos de sabiduría, que en relatos cortos siempre dejan una enseñanza moral o algún valor, tanto para grandes como también para los niños. A continuación presentamos las mejores y más bellas fábulas cortas para niños con moralejas finales. 

Fábulas cortas para niños

El lobo y la grulla

A un lobo que comía se le atragantó un hueso en la garganta y corría por todas partes en búsqueda de auxilio. Encontró en su correr desesperado a una grulla y le pidió que lo salvará de semejante situación. Además, le anunció que le pagaría por ello. Aceptó la grulla semejante oferta, metió la cabeza en la boca del lobo, sacando de la garganta el hueso atravesado. Pidió entonces, el pequeño animal, el pagó correspondiente luego de tamaña proeza que salvo al lobo.

-Oye, amiga- dijo el lobo- ¿No crees que es suficiente paga con haber sacado tu cabeza sana y salva de mi boca?

Moraleja: Nunca hagas favores a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha paga ya se obtiene si te dejan a salvo.

El caballo y el asno

Un hombre tenía un caballo y un asno. Un día ambos animales iban camino a la ciudad. El asno, sintiéndose cansado, le dijo al caballo:

-Toma una parte de mi carga, si te interesa mi vida.

El caballo haciéndose el sordo no dijo nada al asno. Horas más tarde, el asno cayó víctima del cansancio y murió allí mismo. Entonces, el dueño, sin perder el tiempo, echó toda la carga encima del caballo, incluso la piel del asno. El caballo, suspirando, dijo:

-¡Qué mala suerte tengo! ¡Por no querer haber cargado con un ligero fardo, ahora tengo que cargar con todo y hasta con la piel del asno encima!

Moraleja: Muchas veces cuando no respondemos al favor sincero de nuestro prójimo sin darnos cuenta terminamos perjudicándonos a nosotros mismos.

El adivino

Instalado en la plaza pública un adivino realizaba su oficio. De repente, un vecino se le acercó, anunciándole que las ventanas de su hogar estaban abiertas y que le habían robado todo de su interior. El adivino, con el corazón desbocado, se levantó de un salto y salió corriendo a su casa, desencajado y suspirando, para vislumbrar lo que había sucedido.

Uno de los que allí se encontraban, viéndole correr, le dijo:

-Oye, amigo, tu que te jactas de poder ver lo que le sucederá a otros, ¿por qué no has previsto lo que te sucedería a ti?

Moraleja: No hay que fiarse de quienes dicen que pueden leer el futuro y otras magias. Simplemente son aprovechadores que pretenden estafar y engañar a cualquier tipo de persona que ose acudir a sus servicios.

Las ranitas y el tronco tallado

Una familia de ranitas que vivía en el lago sentía mucho temor por un tronco tallado que se veía desde la orilla. Estos animales amaban la fiesta y la diversión, pero sentían un gran respeto por el tronco, así que en muchas ocasiones trataban de no hacer tanto ruido para no molestarlo.

Se dice que este personaje al que tanto le temían era el monumento de alguna tribu que ya no habitaba en el lugar, pero como no se animaban a acercarse para ver de quién se trataba, solo podían divisar un rostro serio, que les inspiraba mucha autoridad.

Un cierto día en que se desató una terrible tormenta, el tronco cayó al lago estrepitosamente y las ranitas pudieron ver con claridad. Era solo un tronco tallado que ningún daño podía hacerles. Se rieron mucho de los temores que habían tenido, y comenzaron a jugar con el tronco; hasta lo utilizaron como trampolín para zambullirse en el lago.

Moraleja: A veces la ignorancia atemoriza en cosas que solo son dignas de risa en verdad.

El niño y los dulces

Un niño metió su mano en un recipiente lleno de dulces. Y tomó, casi con desesperación y avaricia, lo que más pudo, pero cuando trató de sacar la mano, el cuello del recipiente no le permitió hacerlo. Un amigo que estaba cerca le dijo unas sabias palabras:

-Confórmate solamente con la mitad y podrás sacar la mano de los dulces.

Moraleja: A veces las consecuencias son negativas si intentamos abarcar más de lo que es debido.

Fábulas cortas con moraleja

La bruja

Había una vez una bruja que se ganaba la vida vendiendo encantamientos y fórmulas para calmar la cólera de los dioses. Con esta promesa a la bruja no le faltaban clientes y conseguía de ese modo gran cantidad de dinero. Pero un día la acusaron de ir contra las leyes y la llevaron ante los jueces supremos del país.

Así, tras un juicio muy corto, la culparon y la hicieron condenar a muerte. Viéndola salir de la sala del juicio, una de las personas presentes le dijo:

-Bruja, tú que podías desviar la cólera de los dioses, ¿cómo no has podido persuadir a los hombres?

Moraleja: Hay que tener mucho cuidado con aquellas personas que dicen que pueden resolver todos los problemas ajenos, pero que no logran hacer lo mismo con aquellos que son propios.

La liebre y la tortuga

En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque era el animal más veloz. También era vanidosa y se reía de la lenta tortuga. Un día a la tortuga, de pronto, se le ocurrió hacerle una apuesta a la liebre.

-Estoy segura de poder ganarte una carrera- le dijo.

La liebre, muy divertida, aceptó y todos los animales se reunieron para presenciar la carrera.

Confiado en su velocidad, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. Un rato después, empezó a correr de una manera sumamente veloz, hasta superar a la tortuga que iba despacio, pero no se detenía. A cada rato la superaba la liebre e igualmente, llena de soberbia, se tiraba a descansar.

Sin embargo, el animal ligero y confiado, lo que hizo finalmente fue recostarse en un árbol, quedando absolutamente dormido. La tortuga pasito a pasito, estaba por llegar a la meta y los que presenciaban el hecho no paraban de gritar. Eso despertó a la liebre, que desesperada salió corriendo con toda su velocidad. Sin embargo, ya era demasiado tarde: la tortuga había atravesado la meta.

Moraleja: No hay que burlarse jamás de los demás y las apariencias engañan.

El cuervo y el zorro

Un cuervo estaba en un árbol tomando un poco de queso que había encontrado. Un zorro, movido por el hambre, llego hasta donde estaba el ave por el delicioso olor del queso. El zorro entonces comenzó a decirle lo bello que era al cuervo. Alababa su plumaje, su forma de volar, su canto, su porte tan elegante y lo bueno que era encontrando comida. Cuantos más elogios daba el zorro, más orgulloso se sentía el cuervo, que hasta parecía que inflaba el pecho.

Fue entonces cuando el astuto zorro le pidió que cantara con su voz melodiosa para que pudiera escucharlo. El vanidoso cuervo cedió ante la petición de su admirador y en el momento que abrió el pico cayo el queso, que fue inmediatamente devorado por el zorro.

Moraleja: No te fíes de las alabanzas y elogios de los demás; no confíes en quien solo ensalza.

El escorpión y la rana

Un escorpión y una rana se encontraban juntos en una charca. El escorpión quería cruzar al otro lado y no sabía cómo, hasta que decidió perdírselo a la rana. Ésta, atemorizada, se negó.

-Si te cruzo me picarás y moriré-dijo la rana.

-¿Cómo voy a hacer eso? Si te pico, morirás y moriré yo también al ahogarme- replicó el escorpión.

El argumento era tan lógico e irrebatible que la rana terminó aceptando. Sin embargo, cuando iban a la mitad de la charca el escorpión pico a la rana. Antes de que ambos murieran, incrébula la rana miró al escorpión y le preguntó por qué lo había hecho.

-No lo pude evitar; está en mi naturaleza- fue la respuesta del escorpión.

Moraleja: Aléjate de la gente mala, porque por más que quieran hacerte un favor, siempre terminan trayendo un gran mal.

La cigarra y la hormiga

La cigarra estaba feliz disfrutando del verano, sin hacer otra cosa que tomar sol. Mientras tanto sus amigas y vecinas, las hormigas, pasaban el día entero trabajando y recogiendo alimentos.

-¿No se cansan de tanto trabajar? Descansen un rato conmigo mientras canto algo para ustedes- les decía la cigarra a las hormigas trabajadoras.

-Deberías recoger provisiones para el invierno y dejar de holgazanear- contestaron las hormigas.

La cigarra se reía y seguía cantando sin hacer caso a sus amigas.

Hasta que un día llegó el frío invierno. Tenía hambre, pero todo estaba cubierto por nieve. Vio a lo lejos el hogar de sus vecinas las hormigas y fue a pedirles ayuda.

-Amiga hormiga, tengo frío y hambre ¿No me darías algo de comer? Tú tienes mucha comida y una casa caliente, mientras que yo no tengo nada.

-Dime cigarra, ¿qué hacías tú mientras yo madrugaba? ¿Qué hacías cuando en el calor cargaba con granos de trigo de acá para allá?- respondió una de las hormigas.

-Cantaba y cantaba bajo el sol- contestó la cigarra.

-Pues si cantabas en el verano, ahora baila en el invierno- replicó la hormiga.

Y le cerró la puerta, dejando fuera a la cigarra que había aprendido la lección.

Moraleja: No debemos ser perezosos; hay que esforzarse y no esperar jamás que los demás acudan a nuestra ayuda.

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