100 Chistes cortos en imágenes, para reir con amigos

La felicidad es algo enorme, aunque lo olvidemos ¿Y por qué lo olvidamos? Posiblemente debido a que nos perdemos en miles de proyectos de menor envergadura: honor, riquezas, complacer excesivamente a otros, poder y cuestiones por el estilo. Es digno que la felicidad sea el objetivo supremo de la vida, aunque a veces no podamos definirla y por más que tratemos asirla una y otra vez infructuosamente. Vamos de a poco mejor, peldaño tras peldañó, de ahí que la idea de este posteo sea aportar una sucinta cuota de sonrisa que te ayude en la jornada a ti, querido lector, y que compartiendo transmitas esas vibras positivas con tus amigos. 100 chistes cortos en imágenes. 

Observamos un cielo hermoso, un paisaje deslumbrante, un momento bisagra acaece y estamos solos ¿No nos falta algo? ¿No parece que en nuestra unicidad no somos testigos perfectos de lo maravilloso que se antepone? ¿No sucede que hay algo de lo que carecemos? Sí, de un otro y, sobre todo, de un otro querido. Es que la felicidad es demasiado enorme para que la mezquindad de nuestra individualidad la reciba, la complete y nos complete. La felicidad, es, en suma, social, gregaria, abnegada, amorosa, porque amamos atravesar instancias con esos seres queridos que dan un salto cualitativo a nuestra existencia. Queremos pasarla bien y pasarla bien con quienes nos hacen este camino un derrotero de rosas.

Con estos chisques buscamos precisamente eso: que te diviertas y si puedes los compartas con tus amigos. Una excelente opción es lo virtual, para que el prójimo los observe desde la casa o cualquier sitio con acceso a internet; sin embargo también puedes memorizar muchos de ellos y volverte en un perfecto comensal de la próxima tertulia. Las risas nunca, pero nunca, estarán de más, así que estas imágenes te propondrán una ciclópea cantidad de carcajadas para que te diviertas.

El chiste nunca puede ser ni complejo, pero tampoco evidente. Digamos que posee mucho del arte del prestidigitador. Es mostrar por un lado para negar del otro. Si lo hacemos evidente en inicio será ostensible el final, lo cual aburre. Si es muy complejo desde el comienzo podemos declarar que perderemos a los oyentes o nuestra atención si leemos en un santiamén. Hablamos de una práctica social muy arraigada, que tiene que ver mucho también con las costumbres del lugar, creencias, hábitos, maneras de toda clase y naturaleza. En suma, debe haber un contrato previo entre emisor y receptor, un fondo o fundamento en común y, desde ahí, variar lo máximo que se pueda.

Si eres de los que siempre quieren aprender algún nuevo chiste porque se te acaban rápidamente o porque tienes un público sobremanera exigente, sin lugar a dudas este es tu posteo predilecto. Tienes chistes de animales, de mujeres, de hombres, un tanto subidos de tonos, de pareja, inocentes, pícaros y mucho más. La variedad, por otra parte, colabora mucho. Es que como se dice es preferible que abunde y nunca que falta. Administrar miseria no es bueno nunca para nadie; en cambio con lo que prolifera, es profuso, se puede ser algo selectivo. Asimismo, ya tienes, querido lector, qué hacer de cara o en camino hacia el trabajo, sobre todo cuando el derrotero es un tanto largo.

Algunas imágenes apelan a la simple escritura, quizás con chistes un tanto más complejos; otras, en cambio, tienen como foco dibujos, figuras, que reemplazan muy bien a los vocablos, a veces haciéndolos simplemente innecesarios. Recordemos que los chistes siempre apelan a cuestiones sabidas, a esos bagajes cognitivos que cualquier persona tiene en sus bagatelas de sabidurías.

Suele decirse que un día sin risas es un día perdido. Quizás suene a una frase un tanto fatalista, pero realmente no lo es. El ser humano vive haciéndose problemas por cuestiones elementales, complicándose, volviendo abstrusas realidades que a priori no lo son. La risa, en ese sentido, quita gravedad a la existencia. Una persona que recurre mucho a ella es sumamente sabio porque se ha dado cuenta que nada es tan riguroso o gris. También puede haber tomado conciencia que son pocas las cuestiones de la existencia realmente pesadas ¿Tenemos vida? ¿Hay una salud que posibilita siempre salir adelante? ¿Puedo caminar, respirar, juntarme con amigos, saborear platillos exquisitos, vislumbrar paisajes que embelesan, compartir, amar, festejar? Bueno: si podemos todo eso es que realmente ya somos dichosos. No hay que buscar mucho; tal vez el tesoro esté màs cerca de lo que suponemos.

Siguiendo lo dicho en el párrafo anterior, los chistes fungen de perfectos acicates o introduciones para mayores risas. Queremos que tengas muchas en cualquier jornada, querido lector.
Existe un precepto estoico que ha sido tomado por otras escuelas e incluso religiones como el cristianismo que siempre nos deja pensarlo: si existe un Dios, es sabio; ergo, si es sapiente no puede haber escondido para sus criaturas lo que les hace bien muy lejos de ellas ¿Qué queremos anunciar con esto? Simplemente que la felicidad es un continente que debemos llenar de contenido, pero la verdadera sabiduría consiste en que esto último sea si no fácil, humanamente posible en cualquier condición. Comer una risa comida, reír con amigos, disfrutar con familiares, tener abrigo, una linda casa y podríamos seguir esa enorme retahíla de cuestioncillas que si nos ponemos a divagar son accesibles.

El razonamiento análogo a la inversa es igualmente sabiohondo (en sentido no peyorativo): el oro, las complicaciones de los honores, los sufrimientos del mayor poder, las jaquecas de la avaricia, el desorde de la gula, son realidades demasiado costosas para el hombre. En todo caso lo consumen y eso realmente no puede ser la felicidad. Un breve, somero chiste es la perfecta ejemplificación de lo que anhelamos aseverar.

Los chistes, asimismo, tienen otro fenomenal recurso: son sumamente económicos ¿Es que alguien puede ponerles coto, materia determinada como uso privativo? ¿No es la comocidad un ambiente tan amplio que abruma para bien? Realmente que sí y puede esgrimir esos recursos una y otra vez en su favor. Chistes de doctores, de alimentos, de animales, de matemáticas, de costumbres, sobre el clima, sobre los hombres, las mujeres, acerca de los niños, el fútbol, las prácticas incluso sexuales y no seguimos para no aburrir. Quizás por esa vocación infatigable de querer reír, de desbordar de sonrisas, el hombre es el más apto para transfigurar cualquier relato en broma o chiste (siempre y cuando no sea burla infamante ni falte el respeto a nadie, claro está).

Con 100 chistes suponemos que te podrás entretener, querido lector. La web posee un sinnúmero de menesteres, de tareas por hacer más allá del trabajo o del ocio; pero si quieres divertirte claramente este es tu posteo. En las risas, en la alegría propia y ajena debe haber cierto deber. Y eso no quiere decir convertir estos tópicos y accionares en algo gris, sino precisamente en comprender que es una necesidad, que es indispensable que el hombre la pase bien de vez en cuando. No hay niñez, puerilidad o estupidez; sino simplemente cuidado de nuestra salud, querencia, una irrefrenable pulsión por el ludismo.

El ser humano tiene una esencia poco matemática en cuanto a lo anímico: un solo hecho negativo puede anular miles de positivos ¿Pero lo contratio también es factible? Naturalmente que sí, de ahí que apuntemos sobre todo para esos invidivuos que quizás tuvieron una jornada difícil, de esas que queremos que terminen ya. Los chistes suavizarán, esperamos, tamaña tesitura.

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